Jovenes que se nos escapan de las manos

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No podía dejar pasar por alto las fiestas de San Fermín, precisamente ahora que están en fiestas y que seguimos escuchando auténticas barbaridades de nuestros jóvenes. Si nos damos cuenta el año pasado ya hubo altercados, abusos y cientos de noticias que no podíamos creer. Yo como madre me pregunto ¿qué estamos haciendo mal? Desde mi casa frente al televisor he podido ser testigo de cómo algunos jóvenes incluso quería propasarse con una reportera que no hacía más que su trabajo, miraba con vergüenza ajena porque esos cuantos podrían ser mis hijos y pienso en sus madres en la vergüenza que de verdad estarán pasando ellas, dándose cuenta que no es esa la educación que les han dado, que ese tipo de comportamiento no lo conocen en sus hijos, y que no saben porque sus hijos piensan que porque una mujer vaya con una falda corta es que va provocando y pidiendo que se sobrepasen con ella, o la vejen o la insulten.

Qué demonios les está pasando a nuestros jóvenes, por más que lo pienso no lo llego a comprender, todavía a día de hoy siguen saliendo cosas de lo que ocurrió el año pasado en el mismo sitio, violando a chicas jóvenes que según ellos se lo merecían. Necesitan un castigo moral, no solo el de la justicia que por supuesto también, pero en casa a pesar de ser hombres hechos y derechos, necesitan de un castigo que les haga ver que nos es esa la educación que les han dado, que no es eso lo que les han enseñado, que su libertad termina donde comienza la de los demás. El problema real reside después en esas chicas, ellos se van de rositas y ellas cargan con un fuerte dolor emocional, con la vergüenza de lo que les ha pasado porque encima se les echa la culpa a ellas, por provocadoras, porque al parecer ellas se han insinuado, porque cualquier tipo de gesto que puedan hacer al final es mal interpretado,  y encima si ter descuidas deben recurrir a http://pildoradeldiadespues.es por un posible embarazo no deseado. Es una pena y me ahoga una enorme tristeza comprobar que no estamos educando hijos honestos, ni respetuosos sino verdaderos monstruos a los que se les va la cabeza y por desgracia son capaces de cualquier cosa, sentémonos y recapacitemos, porque seguro que algo se puede llegar hacer.